Entrevista a Carlos María Domínguez

 “Hay que tener un vínculo con la melancolía para vivir en Montevideo”

                                                  
  Diego Battiste Set. 2020 (El observador) 


Carlos María Domínguez (Buenos Aires, 1955) se crió en Olivos, por entonces una zona de balnearios donde en verano llegaban los porteños de los barrios populares en camiones a disfrutar las aguas del Río de la Plata. De niño, Carlos veía a los héroes de Titanes en el ring entrenar en los trapecios ubicados sobre la playa y cuando caía la noche leía las aventuras de la colección Robin Hood en el dormitorio que compartía con sus hermanos. Su padre había sido gerente de las máquinas de escribir Olivetti. Tras fundar varias sucursales en el interior argentino se aburrió de venderlas y se dedicó a arreglarlas. Entonces la casa del barrio Olivos se llenó de viejos teclados, rodillos y carcazas desarmadas: la mecánica de la escritura. Olivos perdió su esencia cuando la dictadura de Videla demolió parte de la ciudad para hacer las autopistas de Buenos Aires, llenó las orillas del río de escombros y los clubes militares se adueñaron de la costa