Daniel Vidart


Discurso de Daniel Vidart a escolares uruguayos
Octubre 2012

Hoy retornan a este mausoleo los restos de Artigas. Son huesos, son polvo, son la ceniza de aquella  gran llamarada  de  libertad  que iluminó las tierras y pueblos rioplatenses con la vida y  pasión del Jefe de los Orientales y Protector de los Pueblos libres. Todos los uruguayos, que ayer fuimos orientales y debemos seguirlo siendo en nuestros corazones rioplatenses, tenemos ideas más o menos claras acerca de   sus luchas y sus pensamientos, adelantados a su época. Y sabemos tambien de  sus  desparejos combates  contra los españoles, contra el centralismo de Buenos Aires, contra los portugueses, contra  el mostrador comercial montevideano y contra  los jefes que, en los momentos de la derrota militar,  desde sus propias filas,  le dieron la espalda. Artigas,  el Gran Traicionado por aquellos contemporáneos que no lo comprendieron y despreciaron, ha sido reivindicado por los historiadores uruguayos y argentinos que en estos  años, cada vez con más fuerza, han puesto de manifiesto las reales dimensiones de su figura de libertador y de pensador.

Entrevista a Ida Vitale



Ida Vitale: “Ser humano y mujer, ni más ni menos”

Sorayda Peguero Isaac (elespectador.com)

Poco antes del mediodía, la poeta uruguaya llega a las instalaciones de Casa Amèrica Catalunya acompañada de su hija Amparo Rama. Lleva pantalón, chaqueta de terciopelo negro y suéter oscuro estampado con rombos blancos. Los labios pintados con un tenue color rosa, y el habitual toque de lápiz negro que remarca las esquinas de su mirada azul. Ida Vitale llega saludando con una sonrisa espléndida y dos besos, moviéndose con una agilidad que desbarata la idea que uno suele tener de una mujer de 95 años.
La lectura siempre ha ocupado un lugar significativo en la vida de la poeta uruguaya. Cuando era niña, le asignaron la tarea de limpiar la “bibliotequita” de la casa familiar. Allí descubrió autores como Tolstói, Goldoni y Henry Murger. Además de la limpieza, ejecutada con alegría cada sábado, recuerda la paciencia de su tío Pericles, que le leía libros que ella no entendía porque estaban escritos en italiano, un idioma que no le gustaba, a pesar de que era la lengua materna de sus abuelos. “Pero en general –dice la poeta– me gustaba leer sola”.

—¿No le gustaba que su tío le leyera?

—No. Bueno, sí, me gustaba. Pero yo rezongaba cada vez que se detenía, o cuando quería hacer la censura de lo que venía. Después descubrí a Julio Verne, me regalaron a Verne. Supongo que ya habrá desaparecido. A los chicos de hoy deben parecerles más interesantes las noticias que salen en los diarios. Hay un libro que creo que no ha perdido sentido, se llama La isla misteriosa. ¿Lo conocen?

Los papeles de Idea Vilariño


La venta de los papeles de Idea Vilariño a Estados Unidos y la polémica


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